domingo, 21 de octubre de 2007

Sindrome de Estocolmo: Defendiendo al criminal.

“Ellos no eran malos. Me dejaban comer, me dejaban dormir, me dieron mi vida"

— Un rehén del vuelo 847

El síndrome de Estocolmo, llamado así por la ciudad en la que se registro por primera vez, en 1973 se produjo un robo en el banco Kreditbanken de la mencionada ciudad.

Los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante 6 días. Al entregarse los captores, las cámaras periodísticas captaron el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Y, además, los secuestrados defendieron a los delincuentes y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior, intentaron reunir dinero para la defensa legal de los asaltantes y mas aun, parece que uno de los que estaban presos tuvo un compromiso amoroso con uno de sus captores.

Este fenómeno se puede dar en una tendencia inconsciente de agradar al captor para evitar sufrir daños y por ello la persona se apropia de los gustos de su guardián y envuelve su mente en lo que considera es "el ser" del captor y así empatiza con el.


Esto se puede oír raro pero es muy común en prostitutas, mujeres golpeadas, grupos de militares, adeptos a algún culto religioso, personas abusadas sea por su edad-abuso de menores- o por su sexo etc. ( por ello y a pesar del daño, a muchos les es difícil salir de circulo de maltrato)

De manera compendiada, algunas características del síndrome que, como ya vimos, puede ser no solo en secuestros.

  • Tanto la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan.
  • Los rehenes tratan de protegerse, en el contexto de situaciones incontrolables, en donde tratan de cumplir los deseos de sus captores.
  • Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito.
  • Con base de la historia de desarrollo personal se puede ver el acercamiento de las víctimas con los delincuentes, una impresión en la edad infantil. Un infante aprende que uno de los padres está enojado, aunque sufre por ello, puede tranquilizarlo por el desvanecimiento de los comportamientos “malos/enojados” y como prueba contraria trata “comportarse bien”, puede activar este reflejo en una situación extrema.
  • La pérdida total del control, que sufre el rehén durante un secuestro, es difícil de digerir. Se hace soportable en el que la víctima se trata de convencer a sí misma, ya sea por su propia voluntad, por ejemplo: se identifica con los motivos del autor del delito.
En otras palabras, es una forma que adoptamos para sobrevivir en un medio adverso, un curioso medio de como intentamos adaptarnos para no ser dañados.

Me pregunto ¿cuantos de nosotros no desarrollamos una suerte de síndrome de Estocolmo para con personas, marcas o servicios? ¿cuantas veces no justificamos el servicio, manejo, atención o trato que nos dan por motivos no objetivos?
Ahí queda.

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